Dormía dulcemente en su regazo
cual bola de algodón, ronroneando.
Dos chispas y un fulgor, de vez en cuando
brillaban cual rubíes junto al brazo.
La ténue claridad resaltó el trazo
de un tímido relieve suave y blando
y… ¡En un santiamén se alza! Y… ¡saltando!
¡Suena el chasquido agudo de un zarpazo!
Las brasas se estremecen y un chillido
cruza el salón ¡Relámpago felino
que en vívido y sangriento torbellino
se abate junto al fuego! Y un maullido
de garras sin piedad caza al zaíno
minúsculo roedor, en remolino.
6/02/2012
Xavier



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