Si me pongo a pensar a veces pienso
en mis tiempos de mozo, juveniles
y recuerdo mis juegos infantiles.
Era todo un soñar vivaz e intenso
Pero el sueño cesó, ya no hay incienso
que perfume mis tiernos veinte abriles.
Mis ideas de ayer, casi seniles;
mi vivir, más tranquilo y menos tenso.
Se acabó, al parecer, lo que se daba:
El amor, la ilusión y la alegría.
Todo aquello que empieza siempre acaba,
como sigue a la noche un nuevo día.
De la edad es el alma hoy ruin esclava,
condenada a sufrir larga agonía.



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